miércoles, 26 de noviembre de 2014

Don Atilio

A veces voy a tomar un café a una confitería de mi barrio y  llevo mi pequeña Netbook para trabajar en algún tema.

El otro día me encontraba concentrada en mi pantalla,  cuando escucho una voz masculina que hablaba por  celular en forma estridente. Levanto la cabeza y en diagonal a mi mesa, veo a un señor mayor que leía un diario mientras hablaba. Desde mi sitio solo podía distinguir su perfil. Tenía abundante cabello  blanco  que le caía lacio hacia los costados de su cabeza, parecía interesante. Con un bolígrafo marcaba algo en un periódico:

—¿Hola con quién hablo? –preguntó en voz fuerte
—  …
— Si,  pero yo primero quiero saber tu nombre
—  ….
— No, saqué tu número del diario. ¿Vos sos Manuela, no? –siguió interrogando
—  ….
— Me llamo Ignacio. Bueno… soy alto, musculoso…
— ….
— Tengo 45 años. Me dicen que soy bien parecido ¿y Vos, cómo sos?
—  ….
— Si,  soy profesional,  arquitecto. ¿Pero… donde te puedo ver?
— …
— No. En mi casa no. Pero, te puedo encontrar en la tuya.
—  …
—¿Y en un bar? Llevamos una rosa para reconocernos. ¿Qué te parece?
— …
— No, no. En mi casa, no.
—  …
— Hola!! Holaaa!!

Volví a mi tarea, cuando de nuevo escucho:                         

— Hola. ¿Con Juliana?
—  …
—  ¡Ah!  ¿Sos vos?
—  …
— Me llamo Federico y leí tu anuncio. A mi también me interesa conocer a una persona para relacionarme con fines serios. Me gusta todo lo que pedís: viajar, pasear,  ir al cine…
—  ….
— ¿ Yo, voz de viejo? ¡No! Al contrario, tengo 40 años.
— …
— ¿Pero, por la voz, no podes darte cuenta…
—  …
— Divorciado. ¿Y vos?
—  ….
— ¿También? ¡Que casualidad! ¿Tenes hijos?
—  …
—  Ahh… Bueno. Después te llamo.

A esta altura me causaba mucha gracia. En eso pasó el mozo y me hizo un gesto de complicidad.
Intenté nuevamente concentrarme en mi texto pero…

— Hola… Me llamo Ernesto y estoy interesado en tu aviso
—  …
— Empresario
—  ….
— Es una empresa chiquita,  con 20 empleados solamente.
—  ….
— Nooo… soy muy buen patrón.
—  …
— Hago mucho deporte. Juego al fútbol y a la paleta, si vieras los músculos que tengo…
—  …
— Describime  como sos…
—  …
— ¿Ahh… rubia?  ¿Cabello largo?
—  …
— Me gustaría conocerte. ¿Que te parece si nos encontramos?
—  …
— No ¿Para que queres mi dirección?
— …
— Si.  Vivo en Capital Federal.
—  …
— No. No es que sea desconfiado. Pero prefiero ir  donde vos me digas…
—  …
— Dale… decíme

Así siguió con 2 ó 3 llamadas más. A medida que llamaba iba tildando en el diario.

De pronto,  llamó al mozo y pagó su consumición.
Presté atención porque iba a levantarse.  Al fin iba a ver de cuerpo entero, al hombre que se había promocionado como Arquitecto, mediana edad, culto, deportista,  empresario,  etc… No me lo quería perder por nada del mundo.

Con gran dificultad se incorporó,  tomó dos bastones que estaban a un costado y que yo no había visto. Se dio vuelta para saludar a los del mostrador y pude observar bien su cara. Era un anciano de más de 80 años,  que rengueando y con una gran sonrisa en su cara, se fue ayudado por sus dos bastones

Me quedé con la boca abierta, hasta que se  acercó el mozo y riendo me dijo:
 — Este Don Atilio, se divierte con poco. Viene una vez por semana, nos pide el diario, un cafecito y comienza con sus llamadas. Es increíble,  nos hace divertir a todos…


3 comentarios:

  1. Jajajajaja te juro que cuando llegue a los 80 voy a ser como Don Atilio, me mató!!!

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  2. Angélica, muy buenos todos. Gracias !!!

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